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jueves, 28 de enero de 2021

Carvativir, las "gotitas milagrosas" de Maduro para acabar con la COVID-19


El manejo de la pandemia ha puesto a prueba la capacidad de los gobiernos de prácticamente todo el mundo para atender una emergencia sanitaria. Ha habido casos extraños que han generado numerosas críticas. Uno de los más cuestionados fue Xi Jinping, por su opacidad informativa. También hubo señalamiento contra algunos mandatarios que negaron el problema (como Donald Trump, Jair Bolsonaro o Boris Johnson). Otros anunciaron vacunas exitosas, sin haber sido aprobadas (como Vladimir Putin). Pero pocos dirigentes han presentado una estrategia tan errática como Nicolás Maduro. El anuncio del medicamente Carvativir el más reciente en una larga lista de medidas controvertidas.

El dictador venezolano ha mostrado un desprecio por la ciencia que rebasa por mucho los peores momentos de Trump o Bolsonaro, que es mucho decir. El manejo de la crisis sanitaria ha sido puesto en manos del propio Maduro (cuya experiencia médica se limita quizás a haber tenido algún pasajero enfermo de gripe cuando manejaba un autobús). Y como "asesores médicos" ha contado con una abogada, como Delcy Rodríguez y hasta un jugador de béisbol y rapero retirado, como Antonio Álvarez. Lo más cercano a un "especialista" ha sido Jorge Rodríguez, quien es médico, pero en la especialidad de psiquiatría.

Las "gotitas milagrosas"

La más reciente iniciativa de Nicolás Maduro ha sido la de presentar las "gotitas milagrosas" de Carvativir. Se trata de un producto que neutraliza el coronavirus en un 100% al usarlas cada cuatro horas, aseguró.

En una alocución de radio y televisión, Maduro afirmó que el Carvativir es un “poderoso antiviral” que se estudió durante nueve meses en pacientes graves. Resaltó que ya se tienen la “patente y los permisos sanitarios” para su elaboración y distribución en el país. Sin embargo, no específico qué institución efectuó los estudios, qué especialistas avalaron los resultados, ni quién las producirá.

Sobre las pruebas realizadas, dio una información imprecisa. Habló de "experimentos masivos", pero no dio cifras. También aseguró que se probó en todos los pacientes que estaban en el Poliedro de Caracas, un enrome centro de espectáculos, donde se estableció un hospital de campaña, bajo la responsabilidad de cantante y deportistas Antonio Álvarez. También en el Hospital de Coche, en el suroeste de Caracas.

Hasta ahora, la única garantía de la efectividad del medicamento es la palabra del propio Maduro. "El Carvativir, aquí lo ven, las gotitas milagrosas. Diez gotitas debajo de la lengua cada cuatro horas y el milagro se hace, se hace. Es un poderoso antiviral, muy poderoso, que neutraliza al coronavirus”, aseguró.

Producción sin certificación

Maduro aseguró que ya tiene los resultados de los estudios clínicos y que pronto se van a publicar “en revistas internacionales”. Tampoco específico en cuáles. Indicó que su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, viajará personalmente a entregarle al director de la Organización Mundial de la Salud “toda la documentación para que conozcan y certifiquen el poderoso antiviral” contra el COVID-19.

Esta última parte del anuncio dejó en claro que no cuenta con la aprobación de la OMS. Pero esto no es impedimento para que la semana del 25 de enero comience la producción del Carvativir “por miles” en los laboratorios de Venezuela. Por supuesto no dijo en cuáles. Expresó que su Ministerio de Salud emitirá la resolución especial incorporándolo a los protocolos de tratamiento del país.

Añadió que ingresará al banco de medicinas de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (Alba-TCP). No dijo si alguno de los países miembros del grupo aceptó utilizar el tratamiento.

La otra garantía de la efectividad del Carvativir, es que por sus propiedades "milagrosas" se le conoce como las "gotitas del Dr. José Gregorio Hernández", dijo Maduro. El dictador hacía referencia a un médico venezolano, que falleció a principios del Siglo XX y a quien la Iglesia le atribuye varios milagros. Será beatificado este año.

Maduro no quiso revelar la identidad del científico principal que está detrás de la creación de las gotas de Carvativir. Pero aseguró que se trata de una mente brillante y que por los momentos lo protegerán (no dijo de qué).

Nada nuevo bajo el sol

El anuncio del Carvativir es apenas el más reciente en una serie de medidas tomadas por el régimen de Maduro para manera la crisis sanitaria, ausentes de toda rigurosidad científica. La ciencia no solo ha sido marginada, sino también perseguida.

En mayo, cuando la pandemia comenzaba a avanzar en Venezuela, la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales publicó un riguroso informe, en el cual hacías las proyecciones de contagios en el país. Las cifras no coincidían con las que publicaban los colaboradores del régimen.

Diosdado Cabello, uno de los hombres fuertes de la dictadura, acusó a la Academia de causar alarma, con sus proyecciones sobre el posible comportamiento de la pandemia en el país. Llamó a los organismos de la seguridad del régimen a investigar a la institución científica.

La actitud del régimen en contra de los especialistas no termina allí. También se ha negado a brindarles la protección debida. Venezuela lidera las cifras de muertes del personal sanitario a causa de la pandemia.

Según la ONG Médicos Unidos, llega a 326 muertes el número de muertes de personal de salud a causa de la COVID-19 en Venezuela. Para el momento del informe, el régimen reportó que el número total de muertes alcanzó los 1.129. Esto colocaría los decesos de los trabajadores sanitarios cerca del 30% del total.

Un coronavirus muy disciplinado

Una de las medidas que más ha causado polémica es el de la llamada "cuarentena social" que el régimen aplica de una manera discrecional. En principio, la "cuarentena radical" dura una semana. La semana siguiente es de "flexibilización". Es así de simple, una semana sí y una semana no. Estas medidas no dependen del aumento o disminución de los casos.

Incluso, se dio flexibilización en diciembre, para que se pudieran realizar las elecciones írritas del día 6. Se mantuvo hasta principios de enero, para que se pudiera celebrar Navidad y Año Nuevo. El virus en Venezuela, "milagrosamente" se adapta a las necesidades políticas y festivas.

La crisis de los migrantes

Cuando miles de migrantes venezolanos comenzaron a regresar al país, a través de las fronteras, la dictadura los acusó de ser parte de una conspiración para "traer el virus".

Incluso el padre Numa Molina, un sacerdote jesuita abiertamente partidario del régimen, fue particularmente duro con estos ciudadanos. Los calificó en un tuit de "bioterroristas" que "pueden quitarte la vida a ti y a tus seres más queridos". Para el chavismo, la caridad cristiana también debe supeditarse a las posiciones políticas.

Human Rights Watch y los Centros de Johns Hopkins hallaron condiciones insalubres y de hacinamiento en los centros donde se obliga a los retornados a cumplir cuarentena, con escaso acceso a alimentos, agua o atención médica. Algunos retornados que protestaron por dichas condiciones fueron amenazados con ser detenidos. 

viernes, 24 de abril de 2015

Las palabras de Mendoza no las entiende chavismo ni oposición

·         Las reacciones que generaron las palabras del Ing. Lorenzo Mendoza en las redes sociales, sirvieron para mostrar que la intolerancia puede ser una característica común de los oficialistas y sus detractores. Esta actitud nos impide ver que nadie es indispensable, pero es indispensable que estemos todos.


Hace algunos días, un audio del Ing. Lorenzo Mendoza, que estaba dirigido a los trabajadores de Empresas Polar, se hizo público a través de internet. En el archivo de sonido, se escuchaba al presidente del emporio industrial, haciendo un llamado a los venezolanos a permanecer en el país, a pesar de la actual situación.

En sus palabras, Mendoza expresaba, entre otras, dos frases que se hicieron virales “Irse del país equivale a cambiar unos problemas por otros” y “nadie es indispensable pero todos hacemos falta”.

Sobre la emigración, afirmaba que “respeto a la gente que tiene la oportunidad de irse (…) Esa es su decisión. No la comparto pero la respeto. Pero aquí 30 millones de venezolanos no podemos irnos (…) Aquí hay mucha gente que no puede irse para ningún lado y yo estoy con ellos. Yo estoy con la gente que no puede irse para ningún lado”.

Sin embargo, lo más llamativo del discurso, aún por encima de las palabras mismas de Mendoza, fueron las reacciones que generaron sus opiniones.

Una de ellas llamó particularmente la atención, pues aunque fue hecha por una joven abiertamente opositora, que había emigrado de Venezuela, contenía una crítica basada en razones de tinte indudablemente “chavista”. La escritora en cuestión, le increpaba a Mendoza su atrevimiento a expresarse de esa manera, diciéndole que “usted jamás ha hecho una cola para comprar harina P.A.N”. Y es allí, precisamente, donde se da la primera gran coincidencia en la forma de pensar de muchos chavistas y otros tantos opositores: Creer que el alto nivel socio-económico de Mendoza le impide opinar sobre la situación del país (después de todo, “ser rico es malo”, Chávez dixit).

Lamentablemente, reacciones como ésta me convencen cada día más que el gran secreto para el éxito político de Chávez (y por herencia del Chavismo), estriba en el hecho de que el Teniente Coronel golpista conocía muy bien al venezolano y su idiosincrasia.

Ciertamente, ese odio, resentimiento, o como quieras llamarlo, estaba allí, presente. Chávez no lo creó, ni siquiera lo incrementó, simplemente lo utilizó a su favor. Del mismo modo los hizo Hitler en la Alemania de los años 30 y 40: él no creó el racismo ni el antisemitismo en el corazón de los germanos, sólo supo sacarle provecho para ganarse el favor de muchos de sus compatriotas.

Y es precisamente por esa intolerancia, que los pueblos, las naciones, no hacen más que profundizar las crisis de las que, se supone, tratan de salir.

Y si alguien puede dar fe de esta realidad es Lorenzo Mendoza, después de todo, parte del éxito de la empresa que hoy dirige, se inició con el talento de un joven checo de origen judío llamado Carlos Roubicek, quien al huir del antisemitismo y holocausto en Europa, encontró en Venezuela un país que lo recibió con una mano amiga, sin perseguirlo por sus creencias, y donde su capacidad fue aprovechada para cambiar la fórmula de fabricación de la cerveza Polar, ayudando así al éxito de esta bebida en el país que le adoptó.

Vemos entonces cómo la intolerancia Alemana, le hizo perder a Europa a un talento invaluable, que fue aprovechado en un pequeño país suramericano. Roubicek fue sólo uno más, en una enorme cantidad de inmigrantes judíos, que ayudaron a construir una tierra de oportunidades en la nación de Bolívar.

Ahora esa intolerancia está presente entre nosotros, lo que nos coloca en la situación de perder un invalorable recurso humano. Esa es la advertencia que Mendoza nos hacía en sus palabras.

Pero ese pensamiento de división, de desprecio al éxito, al esfuerzo y al trabajo, es lo que convirtió un discurso de unidad, en un motivo más de división.

Y esa crítica, ese desprecio hacia el otro porque “tiene dinero” o “tiene un título”, nos impide progresar como sociedad. Si “no hacer cola para comprar harina”, le quita autoridad a Lorenzo Mendoza para opinar como lo hizo, tal vez algunas otras que hagan a algunos pensar de modo diferente:
  1.  En realidad, cuando Lorenzo Mendoza dice “hay quienes no podemos irnos de Venezuela”, no dice del todo la verdad. Si algún venezolano puede irse (a donde desee) es precisamente él. En otras palabras “no tiene que hacer cola para entrar en ningún otro lado”.
  2. Creer que por su posición económica, no sufre los problemas del país, es falso de toda falsedad. Por ejemplo, la inseguridad (primer motivo aducido por los emigrantes venezolanos) le ha tocado, y muy de cerca.
  3. Durante los últimos años, ha sido uno de los pocos empresarios venezolanos que ha logrado manejar una empresa de manera exitosa, sin sucumbir a las duras condiciones impuestas por un sistema anti-económico y sin entregarse al “rastacuerismo” o el “testaferrismo” que ha sido la norma entre muchos representantes del sector.
  4. Mendoza es el responsable de que decenas de miles de trabajadores directos e indirectos lleven el pan diario a sus hogares, amparados por unas condiciones laborales privilegiadas en el actual entorno venezolano.
  5. Y finalmente, la más importante: Aunque no haga cola para comprar harina, es gracias a su gestión que todavía hay algo de harina por la que valga la pena hacer la cola.
Particularmente, creo que debemos entender, de una vez por todas, que la envidia, el resentimiento y la soberbia, no construyen... destruyen. Cuando Lorenzo Mendoza dice que “todos hacemos falta”, tiene toda la razón. Hacen falta los trabajadores, hacen falta los empresarios, hacen falta los artistas, hacen falta las amas de casa, los estudiantes, los profesores, los comerciantes… Hacen falta los católicos, los evangélicos, los judíos, hasta los ateos… Hacen falta los ricos, los pobres… Hacen falta los capitalistas, los socialistas, los creyentes, los escépticos, los confiados, los desconfiados… Hacen falta los 30 millones de venezolanos y los extranjeros que se nos quieran sumar.

Y finalmente, las palabras de Lorenzo Mendoza me enseñaron que, a pesar de la enorme (por no decir astronómica) diferencia entre nuestras cuentas bancarias, tenemos un mismo sueño, un mismo compromiso y una misma esperanza: el sueño de vivir en un mejor país sin necesidad de salir de casa, el compromiso de honrar el legado de nuestros padres y la esperanza de que nuestros hijos vivan ese sueño.
Si dos personas ubicadas en las antípodas de las clases sociales, podemos tener tanto en común, ¿para qué seguir buscando diferencias con quienes tenemos al lado?

Nadie es indispensable, pero es indispensable que estemos todos.